
Casi siempre la dislexia viene acompañada con un déficit de atención, donde los niños parecen no escuchar, son fácilmente distraíbles, cometen errores por descuido, no terminan las tareas, se muestran olvidadizos y mal organizados.
Otras veces, las menos, puede aparecer con cierto grado de hiperactividad, donde los niños son incapaces de mantenerse sentados, corren constantemente, no pueden jugar tranquilamente y hablan en exceso. Algunas veces viene acompañada por la impulsividad, donde el niño responde antes de acabar la pregunta, tiene problemas para esperar turno y se entromete o interrumpe la conversación de los demás.
A medida que el niño va creciendo y evolucionando pierde su hiperactividad y/o su impulsividad hasta llegar a internalizarla. El déficit atencional se mantiene durante toda la vida.
La falta de atención causa problemas sobre todo en el ámbito escolar. Son facilmente distraíbles con cualquier estímulo por pequeño que sea. No tienen sentido del tiempo y carecen de capacidad de previsión.
A consecuencia de esto les resulta difícil planificar su vida, el trabajo, el juego o el deporte en grupo. Por eso es tan importante que sus profesores y padres sepan organizarlos, establecerles pautas temporales para lograr que se centren.
Estos niños, cuando están haciendo un examen, por ejemplo, se dispersan y comienzan a pensar en otra cosa. Si el profesor sabe detectarlo, se dará cuenta de que el problema de estos niños no es cognitivo, sino de déficit de atención.
Es, por tanto, un problema de rendimiento y no de conocimiento ni de habilidades. Ellos saben las cosas, lo que no saben es cómo utilizarlas o aplicarlas. Te sorprenden constantemente, porque un día lo hacen muy bien y otro fatal.